Iniciamos un nuevo año lleno de bendiciones y con el gozo inmenso que nos depara el Señor, al celebrar los 350 Años de la partida al cielo de nuestros santos fundadores: Santa Luisa de Marillac y San Vicente de Paúl, quienes representan los cimientos de las obras de misión y caridad en nuestra amada patria y en mundo.
Es mi mayor anhelo acompañar desde la fe, la esperanza y la caridad la vida de todas las hermanas que conforman la Compañía de las Hijas de la Caridad promoviendo un encuentro personal y comprometido con Jesucristo, la Virgen de la Medalla Milagrosa y bajo la atenta mirada de los gestores, que desde el cielo guían nuestro caminar, promoviendo de esta manera una santa formación.
En tal sentido, deseo ofrecerles aquello que buscan y que se encuentra en lo más profundo del corazón, esto es, la paz interior que brota del encuentro con Dios, así como la consecución de la propia realización de nuestra vocación, manifestada en el servicio a los demás.
Para ello, es oportuno ofrecer lo que nos pide San Vicente y Santa Luisa; “Servir a Cristo en el pobre”, con sencillez y humildad, haciendo vida las virtudes de ternura, misericordia, acogida y sacrificio.
Que nuestro Padre Dios las bendiga y acompañe en su diario camino.